José Maldonado
1995
Encontrar esta obra de Calderón ha sido como sumergirse en un mar de reflexión barroca. La pieza se erige como un diálogo eterno entre lo divino y lo humano, un recordatorio de la fugacidad de la existencia. Sus personajes, al igual que marionetas en un vasto escenario, encarnan la lucha entre el destino y el libre albedrío. Este texto no solo es una joya literaria, sino también una fuente inagotable de inspiración para mi práctica artística, recordándome la importancia de la conexión entre lo material y lo espiritual.